martes, 15 de febrero de 2011

Razones para seguir luchando

Cuantos más seamos más acciones podremos llevar a cabo. Y para ello, hemos de armarnos de razones. He aquí algunas que cualquier ciudadano comprometido con el presente puede aportar: lo primero es situarnos en un contexto de CRISIS, no sólo económica, sino social, política, cultural, ética... una crisis de civilización, una crisis sistémica que representa el fracaso del sistema capitalista. Y una crisis, por ende, de la propia democracia, que cada vez más se ve degradada y vaciada de contenido.

España no es una democracia, en el sentido etimológico del término, es decir, un gobierno del pueblo, sino una Plutocracia, que significa el gobierno de los ricos. Recientemente, en el diario Público, leíamos un breve artículo de Ignacio Escolar, en el que por medio de unas cuantas cifras nos ofrecía una radiografía, un retrato al desnudo de la realidad española. He aquí un resumen de “las 7 maravillas de la economía española”:

1) España tiene una tasa de desempleo similar a la de Mozambique, Sudán o Irak.
2) La temporalidad dobla la media europea.
3) España es el país con más billetes de 500 € de toda la UE: uno de cada cuatro está aquí. Y somos medalla de bronce en economía sumergida.
4) Los altos directivos españoles son los mejor pagados de Europa. Un jefazo de Telefónica cobra lo mismo que 104 de us trabajadores juntos.
5) El salario medio en España es la mitad que en Alemania, Holanda o Reino Unido, mientras que la tasa de pobreza es del 21 %, una de las más altas de la UE.
6) España es el único país de entre los 30 más prósperos del mundo cuyo salario medio real no creció en los años de auge económico. Entre 1995 y 2005 el salario medio perdió un 4% de poder adquisitivo, mientras que los beneficios empresariales crecieron un 73 %.
7) España es el único lugar conocido donde los autónomos y pequeños y medianos empresarios que pagan por módulos declaran, de media, menos ingresos anuales que los trabajadores y los pensionistas.

Pues bien, todas las reformas (recortes, en realidad) de Zapatero, puestas en marcha en los últimos meses, tras un viraje espectacular en el que pasó de defender los gastos sociales a toda costa a meter la mano en ellos sin ningún pudor, NO resuelven ninguno de estos graves problemas de la economía española: ni el Plan de Ajuste de mayo, con la bajada de sueldo a los empleados públicos y la congelación de las pensiones, ni la Reforma Laboral que abarata el despido y que provocó una huelga general en septiembre, ni el Pensionazo que ahora se tramita en el Congreso y que empobrece a la clase trabajadora, aumenta las desigualdades sociales y que supone un ataque brutal a los derechos consolidados durante décadas. Ni han servido ni sirven para atajar la crisis ni para rebajar la cifra de desempleados. Y aún tenemos que añadir la subida del IVA y de la luz, la desaparición del subsidio a los parados y del cheque bebé y la privatización descarada de AENA, de las Loterías del Estado y de las Cajas de Ahorro, en lugar de emplear el dinero público que en ellas se va a invertir para crear una banca pública, como propone IU. Y más adelante nos espera más: el copago sanitario, la limitación a la negociación colectiva, el asociar los salarios a la productividad, etc. En definitiva y resumiendo, tal como decía un dirigente de IU hace pocos días: “Sube el paro, bajan las pensiones y gana la Banca”.

Y de Castilla-La Mancha que podemos decir: aprueban en diciembre unos presupuestos de 8.000 millones € para el 2011 y en enero, un mes después, presentan un plan de austeridad que supone un recorte de 1.000 millones de €. La situación de la administración regional es grave, como demuestra el hecho de que somos la segunda comunidad con mayor déficit de toda España, por detrás de Murcia.
Atrás quedan la fallida reforma del Estatuto de Autonomía (el único de toda España que no ha logrado salir adelante), el escándalo del aeropuerto de Ciudad Real, con una de las pistas de aterrizaje más largas de Europa y en el que sólo se realizan dos vuelos semanales y porque están subvencionados. Y atrás queda también el escándalo mayúsculo de la CCM, que ha tenido el honor de ser la primera caja intervenida de toda España.

Y luego está Sonseca que, a estos males, suma los suyos propios como la brusca y brutal desaparición de tejido industrial y que hoy nos lleva a superar los 1.300 parados.

Todas estas situaciones tienen en común la falta de eficacia y el descrédito de la clase política que, encuesta tras encuesta, refleja el CIS con sus datos. Zapatero y Rajoy, Barreda y Cospedal, Josemi y Francis, tanto monta, monta tanto. Todos ellos adolecen de credibilidad y forman parte de esta absurda maquinaria que nos trata como a sujetos desprovistos de derechos.

La situación, pues no es fácil, pero ésta es la etapa histórica que nos ha tocado vivir. Nuestros padres y nuestros abuelos vivieron épocas peores, marcadas por la guerra, el hambre o la represión, y nunca se rindieron. ¿Por qué habríamos de hacerlo nosotros? Tenemos que seguir luchando, organizarnos y expresar nuestra solidaridad con los que sufren y nuestra rebeldía contra quienes, desde las élites económicas y financieras, tratan de enturbiar y de oscurecer nuestro destino y el de nuestros hijos.

A este pueblo, estamos convencidos, sólo le puede salvar la clase trabajadora y estamos seguros que, más pronto que tarde, toda esta resignación y todo este miedo que ahora nos rodea y atenaza se convertirá en una nueva plaza de Tahrir, como en Egipto o en Túnez.

jueves, 27 de enero de 2011

Julio Anguita o por qué no todos los políticos son iguales



Julio Anguita renunció por escrito a la paga de pensión máxima vitalicia a la que tenía derecho como ex-parlamentario, argumentando que “con la pensión que le correspondía como maestro tenía bastante".


De: Lucas León Simón

Cuando José María Aznar y Felipe González nos dictan al común de los ciudadanos una lección de indecoro e insolidaridad, cuando nos enteramos que María Dolores de Cospedal gana al año 241.000 € con el cobro de tres sueldos públicos, cuando sabemos que el presidente de la Diputación de Castellón no tiene mas remedio que declarar un patrimonio de 3,9 millones de euros cuando hace cinco años no declaraba ninguno, nos enteramos que, de manera totalmente accidental, se ha sabido que hace siete años, Julio Anguita renunció por escrito a la paga de pensión máxima vitalicia a la que tenía derecho como ex parlamentario, argumentando que “con la pensión que le correspondía como maestro tenía bastante”. Genio y figura. Julio Anguita viene a demostrarnos que el dicho populista de “todos los políticos son iguales” no se verifica, al menos en su totalidad. Que hay distintas formas de ser y estar en la política, de entender los compromisos éticos y ejemplarizantes de un cargo público y que la erosión que afecta a nuestra moral pública tiene un freno.

No todo es poder y dinero. Tengo la fortuna de ser amigo personal y haber sido de un equipo de gobierno de Julio. Conozco la sobriedad espartana de su espíritu. Sé que en pocas personas se verifica una mayor consecuencia entre lo que dice y piensa y su modo de vida. Nunca había acabado de entender por qué considera un punto de felicidad dormir la siesta en verano sobre una manta tendida en el suelo, ni por qué su mayor consideración del lujo y del ocio es jugar una partida de dominó al atardecer, cuando está de vacaciones. En esta dura mitología del capitalismo, Julio juega contracorriente. Y su compromiso consigo mismo y con la sociedad, gana.

Julio Anguita hace suyo el lema de Ghandi de “vivir sencillamente, para que los demás puedan, sencillamente, vivir”. Y desde su antisimetría con el político al uso nos aporta soluciones a nuestros graves problemas con la ética y la estética del cargo público.

Maestro vocacional, traslada la pedagogía a cualquier escenario, y cuando la acción política diaria, quema y unta, Julio la quiere convertir en lección a pequeña y gran escala.

Los ideólogos y profetas de la modernidad, reunidos en torno a un gran medio informativo nacional, pensaron que lo invalidaban para la política cuando acuñaron aquello de “honrado pero desfasado”. Su huella llegó hasta el Parlamento en voz de algún replicante “moderno”. ¡Bendito desfasamiento!

Es decir, exentos de las jactanciosas modernidades de los políticos pendientes de la dieta, la nómina y el futuro cargo en el Consejo de Administración de cualquier sucursal del Gran Capital, Julio Anguita, sin contárselo a nadie, y mucho menos a esos sistemas mediáticos que encubran la vulgaridad y el populismo, le había dado una soberana patada en el culo al sistema. ¡Métanse su degradante paga vitalicia donde les quepa!